miércoles, 12 de octubre de 2016

DINOSAURIOS EN VÍAS DE EXTINCIÓN



¿Qué es mejor? ¿Una buena y espumosa cerveza de malta o un buen tequila añejo reposado? Difícil respuesta. Probablemente, lo mejor sea combinar ambos brebajes, como hubiera hecho el propio Sam Peckinpah... Con "Grupo Salvaje" y "Pat Garrett & Billy the Kid" ocurre lo mismo.

Mientras la primera es el espaldarazo definitivo para su director (ese nieto de jefe indio, educado entre los últimos testigos de la Frontera, eterno rebelde de Hollywood y máximo representante de este Nuevo Western, Western Crepuscular, Revisionista, o como diablos quiera uno llamarlo...), la segunda nace maldita y mutilada, y no será hasta casi 20 años después cuando pueda verse la maravillosa fuerza poética y el gran aliento trágico de su versión íntegra.

Si "Grupo Salvaje" constituye la consumación de un estilo que venía cociéndose hacía años, "Pat Garret & Billy the Kid" es su máxima depuración. Ambas son lamentos visuales con una puesta en escena barroca y crispada, ejemplos perfectos de ese nuevo tipo de western que constata el irreversible declive de los valores clásicos y deja al desnudo la cínica mentira sobre la que se basa la "historia oficial" de América. Sin embargo, más personal e introspectiva que el cóctel explosivo de violencia y nihilismo que es "Grupo Salvaje", "Pat Garret & Billy the Kid" es la película desencantada y melancólica con la que, con un tempo más lúgubre y pausado, la mirada lúcida de Peckinpah nos regala de verdad ese auténtico poema de despedida a un mundo que desaparece y los seres que lo habitan.


Dos caras de la misma moneda, dos cantos de cisne diferentes, dos reflejos del alma inconformista y desgarrada de un cineasta único, así como de un género agonizante que, durante veinte años, sufrirá las convulsiones de un viejo testarudo que se niega a firmar su acta de defunción sin llevarse por delante unos cuantos mitos y contar la triste y verdadera historia de su vida.



 Los personajes del Western Crepuscular son criaturas anacrónicas, verdaderos dinosaurios en vías de extinción, náufragos en el tránsito de una época a otra; se encuentran perdidos en un universo de praderas valladas, de fronteras cerradas, de senderos que acaban en callejones sin salida. Perdedores patéticos y envejecidos, degradados física y moralmente (en las antípodas de los justos y esbeltos cowboys de Gary Cooper o Alan Ladd), están acostumbrados desde hace tiempo a la derrota y la traición. El cambio de los tiempos les ha obligado a verse envueltos en combates dudosos que les confunden y les abocan, en último extremo, a la auto-destrucción. Condenados de antemano por el progreso (ametralladoras, automóviles, excavadoras, aviones, etc.), son testigos furiosos y desorientados de la llegada de la "ley y el orden", de la era industrial, de un mundo en el que no tienen cabida. Ante la inminencia de su desaparición, no les quedará otra cosa que hacer más que elegir el lugar y el momento, y presenciar impotentes la llegada de la muerte.

Pocas escenas sintetizan de manera mejor ese sentimiento, esa toma de conciencia inútil y tardía, que esta de "Pat Garret & Billy the Kid", en la que el personaje interpretado por Slim Pickens, herido de muerte, se aproxima hasta el margen del río y contempla el fluir impasible de las aguas ante la mirada llena de compasión y el silencio de su mujer, mientras los primeros acordes de "Knockin' on Heaven's Door” iluminan progresivamente uno de los momentos más emocionantes y sobrecogedores del western moderno:


Pero, empecemos por el principio, por un señor llamado John Ford...


A. R.


LADIES AND GENTLEMEN: WELCOME TO VIOLENCE...

Recuerdo nítidamente la primera vez que vi "Grupo Salvaje". De noche, en la segunda cadena de TVE, en plena pre-adolescencia. Estaba con mi padre, que me miró de soslayo y, medio sonriendo, dijo: “No sé yo si deberías ver esta película, es muy violenta...”.Bendito sea, no pudo crearme más expectativas. Recuerdo disfrutar, sí, como lo hacía con todos (t-o-d-o-s) los westerns y pensar a ratos: “Pues no es para tanto”. Y entonces llegó la escena final... Y se convirtió en mi película favorita. Para siempre.


We want Angel

Uno de los elementos diferenciadores del (llamémoslo) Nuevo Western es el uso indisimulado y casi provocativo de la violencia. En el Western clásico, la muerte siempre se mostraba a rasgos generales, muy raramente en primer plano; no se contemplaba el sufrimiento, la agonía producida al recibir un balazo. Prácticamente, no se admite la realidad de la muerte. Más bien, se puede decir sin ánimo de exagerar, que es solo un elemento escénico más, como el cielo, o el desierto. O un caballo. Suena un disparo y un tipo cae al suelo: así es la visión de la muerte en los westerns clásicos.

Sin embargo, el Nuevo Western sufre un frenesí violento, una sacudida tintada de hemoglobina; a la supervivencia solo se llega a través de la violencia, y si es explícita, tanto mejor. A esta tendencia se le añade otro de los ingredientes propios del nuevo género: el existencialismo. Existe en los personajes de estas películas la conciencia, la certeza, de que la muerte es la única vía de escape ante ese nuevo mundo que viene arrasando su antiguo modo de vida. Sus protagonistas, como los de "Grupo Salvaje", se disponen a una muerte voluntaria, un suicidio premeditado, el cual no es más que la única salida que les queda. La esencia definitiva de una tragedia moderna.
La escena final de "Grupo Salvaje" es el acto de redención de unos anti-héroes desgarrados, casi sin música ni diálogo (“Let’s Go” / “Why Not?”: imposible decir más con menos...). En ella, la violencia y la muerte que les ha acompañado a lo largo de sus vidas se transforma de pecado en absolución. 

Bloody Sam vislumbra la masacre


J.S.

"LET'S GO" "WHY NOT?"






¿WESTERN CREPUSCULAR?



Empezamos bien: un blog sobre Western Crepuscular y no somos capaces de ponernos de acuerdo sobre si realmente existe tal cosa. Llueven las preguntas: ¿Western Crepuscular, Western Moderno, Western de la Contracultura? ¿Realmente cambió la esencia del género en estos años?Pongamos que lo crepuscular supone algo que se acaba, un lamento teñido de melancolía por una época pasada, la nostalgia del paraíso perdido... El western de los años 60 hasta inicios de los 80 vive una vejez malhumorada e incómoda; pero, ¿es realmente su ocaso o simplemente una etapa más en su evolución? Desgraciadamente, viendo lo que ha venido después, el término no sería del todo incorrecto. Si fuese otra disciplina artística hablaríamos sin sonrojo de la etapa manierista... Y vive Dios que hay manierismos notables en algunos de estos westerns. ¿He oído Leone?

Todo comienza con los 60, quizá la época de mayor ebullición en USA, y el fin de un modelo social y político. Nombres como Vietnam, Altamont, Kent State Ohio, Charles Manson todavía resuenan en el subconsciente colectivo de América. Se siente una pulsión entre la nueva ola emergente y la angustia por los tiempos que vienen. Estás de un lado o del otro. Reflejo de estas contradicciones modernas, los westerns de los 60 en adelante serán obras apasionadas y, a la vez, amargas.

De todo esto trata este blog. De la última etapa de un género elevado a la categoría de mito. De John Ford y de Arthur Penn. De Peckinpah, Huston y Altman. Del cambio de los tiempos. De violencia, de México, de lealtad y de risas nihilistas. De existencialismo. De la vida misma... Un recorrido idólatra y nostálgico por la época más sucia, irreverente e iconoclasta de un género pionero e infinito en la historia del cine.

¡Sean bienvenidos!


Javier Sanabria & Andrés Rus